Cambio climático, cambio de actitud

Gabriela Haiek Ruocco

Juan Carlos Sánchez tiene autoridad para hablar del cambio climático: formó parte del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático galardonado con el Premio Nobel de la Paz en el año 2007. Venezolano, Doctor en Ciencias Ambientales del Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas de Toulouse, Francia, ha desarrollado una larga carrera profesional como investigador, gerente, asesor y docente universitario. ¿Cómo afecta el cambio climático a Venezuela? ¿Qué le corresponde hacer al país dada su condición de productor de hidrocarburos? ¿Qué puede y debe hacer el ciudadano común frente a este fenómeno?

Comenzamos preguntándole sobre las alteraciones observadas en la temperatura en los últimos 20 años y su relación con el cambio climático. “Veinte años no son muchos cuando se estudia el cambio climático. Es preciso, más bien, hacer el seguimiento por grandes períodos, porque es entonces cuando realmente se puede apreciar una modificación de las condiciones promedio del clima, que es lo que define, el cambio climático. Las irregularidades que observamos en los períodos de lluvia y sequía son algunas de sus consecuencias más visibles, aunque en las alteraciones del patrón de precipitaciones incide una gran cantidad de factores, especialmente en el trópico. No se puede determinar cuándo se producirán las precipitaciones, pero sí anticipar en buena medida el volumen de lluvia anual. Para el caso de Venezuela, por ejemplo, los modelos dicen que para mediados de siglo – 2050 o 2060- vamos a tener un 15% menos de precipitaciones, situación preocupante si tomamos en cuenta nuestra dependencia de los embalses, tanto para fines hidroeléctricos como de riego y para abastecer a las ciudades.

Una de las actividades más afectadas por la falta o el exceso de lluvias es la agricultura. La disponibilidad de productos del campo y su precio guarda estrecha relación con este fenómeno. La pérdida de una cosecha por anegamiento o por sequía afecta directamente al ciudadano en su bolsillo. “Si esto se le explicara a la gente de esta manera, las personas entenderían que el cambio climático les está pegando el bolsillo” acota Juan Carlos Sánchez.

¿Reversible o irremediable?

Si el cambio climático es en buena medida consecuencia de las actividades humanas ¿es posible revertir la situación o estamos llegando a un punto de inflexión? Juan Carlos Sánchez tiene su punto de vista: “Se maneja, efectivamente, la hipótesis de un punto de inflexión, es decir, de un momento de concentración de gases en la atmósfera y de elevación de la temperatura, momento a partir del cual va a ser prácticamente imposible evitar que ocurran consecuencias más graves producto del fenómeno. Los países han discutido el tema y llegado a varios acuerdos. El retraso en su cumplimiento no genera muchas esperanzas. Es evidente que tenemos que hacer mucho más para reducir la emisión de gases a la atmósfera, para lo cual es indispensable desarrollar políticas de control del consumo energético, utilización de energías alternativas, desarrollo de nuevas tecnologías y protección de los bosques.

Las soluciones no son fáciles ni aisladas. “El problema del cambio climático es global” dice Juan Carlos Sánchez. Y añade: “No importa donde se produzca, la emisión afecta a todo el planeta. Si el mundo desarrollado no toma las medidas que debería tomar o no se producen acuerdos a nivel de las Naciones Unidas y en la comunidad internacional, la única estrategia que queda es la adaptación”.

Frente a quienes esperan en la capacidad de los cambios tecnológicos para revertir el fenómeno del cambio climático, Juan Carlos Sánchez es menos optimista. “La tecnología no nos va a salvar de las consecuencias” dice para apuntar a lo que, a su juicio, es la verdadera solución: un cambio de actitud. “Hay que frenar el consumismo, especialmente de energía, que es la raíz del problema. El cambio de actitud, que pasa por una conciencia colectiva, debe involucrar no solo a las corporaciones y a las grandes empresas, sino también al gobierno, a las organizaciones no gubernamentales, a la sociedad en general y especialmente a la sociedad organizada. Tiene que haber esa comprensión del problema y saber que igual podemos vivir y tener una vida plena y satisfactoria sin andar pendientes de tanto consumo”.

¿Y Venezuela?

A la pregunta sobre qué está haciendo en Venezuela en este campo, la respuesta de Juan Carlos Sánchez tampoco es muy alentadora. “Además de hacer del calentamiento global tema de discursos, no es mucho lo que el país ha hecho formalmente en esta materia. Cuando se pregunta qué se está haciendo en Venezuela, que es un país petrolero, el argumento de las autoridades suele reducirse a dos iniciativas: la Misión energética y la Misión socialista árbol. La Misión energética se refiere al cambio de los bombillos. La medida obedeció básicamente a la necesidad de manejar la demanda de electricidad frente a los problemas de suministro ocasionados por la demora en la construcción de las nuevas plantas. Si se toma en cuenta que el 70% de la energía eléctrica utilizada en Venezuela proviene de plantas hidroeléctricas, la reducción de emisiones lograda con esta medida es más bien escasa, pues sólo toca el restante 30%, proveniente de plantas termoeléctricas. En cuanto a la Misión socialista árbol, si bien es positivo porque por mientras más cobertura vegetal haya más se contribuye a reducir la cantidad de gas en la atmósfera, también en este caso la principal preocupación no era el cambio climático sino la protección de las cuencas altas, donde estaban mermando los recursos hídricos por efectos de la deforestación. Así pues, estos dos argumentos con los que Venezuela trata de defenderse en las esferas internacionales no son muy sólidos. Para que lo fueran sería necesario atacar las emisiones más importantes, que son las del sector energía, las de PDVSA y del parque automotor”.

Dada la falta de compromiso de los gobiernos, especialmente de los países más desarrollados, para aplicar las recomendaciones hechas con el objeto de reducir las emisiones que causan el calentamiento global, la medida urgente, para Juan Carlos Sánchez, es “definir una política de cambio climático y unos planes de adaptación para las distintas regiones. Siento que el tema está medio huérfano, no tanto porque el Estado no le da la importancia necesaria, sino porque, en general, lo que está privando es desconocimiento. Y donde no hay conocimiento, no hay conciencia”.

El cambio climático

La temperatura media de la tierra depende fundamentalmente del equilibrio entre la fracción de la radiación solar que absorbe y la energía que envía al espacio bajo la forma de radiación infrarroja. Las causas de la modificación del clima son de muy diversa naturaleza. Una de ellas, la actividad humana, ha sido objeto de especial atención en las últimas décadas. De hecho, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático usa el término solo para referirse al generado por el hombre. Se estima que desde hace unos 150 años, cuando se comenzó a medir sistemáticamente la temperatura, el aumento ha sido de 0,5 C y se prevé un aumento de 1 C en el 2020 y de 2 C en el 2050.

La influencia del ser humano sobre el clima se da con la deforestación de bosques, pero la de mayor peso es, evidentemente, la emisión de gases que producen el llamado efecto invernadero, una de cuyas principales fuentes es la combustión de hidrocarburos. Además del dióxido de carbono (CO2), existen otros gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global, tales como el gas metano (CH4) óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6).

La preocupación mundial sobre el tema se ha expresado en numerosas reuniones mundiales del más alto nivel. Pese a los acuerdos suscritos por los gobiernos, las implicaciones técnicas y económicas de las actividades humanas hacen difícil anticipar una drástica reducción de las emisiones causantes del calentamiento global y, consecuentemente, del cambio climático.

 

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