Las matemáticas en la naturaleza

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Valeria García

Al estudiar la naturaleza nos damos cuenta  que existe en ella un orden que permite la supervivencia del mundo natural. Leonardo de Pisa (1170 – 1250) conocido como Fibonacci, también se dio cuenta de lo estructurado del mundo natural mientras estudiaba cuántas crías de conejos podía tener una pareja de conejos cada mes y el resultado lo publicó en su libro Liber Abaci y es conocido como la sucesión Fibonacci (0,1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89,144,…), una sucesión donde cada nuevo número es el resultado de la suma de los números anteriores.

Los números de Fibonacci, otro de los nombres que recibe este grupo de  valores, poseen varias propiedades interesantes. Quizás una de las más curiosas, es que el cociente de dos números consecutivos de la serie se aproxima a la denominada “razón dorada” o “proporción divina”. Este número, descubierto por los renacentistas, tiene un valor de (1+ raíz de 5)/2 = 1.61803…, y se lo nombra con la letra griega Phi Φ. La sucesión formada por los cocientes (resultados de la división) de números de Fibonacci consecutivos converge, rápidamente, hacia el número áureo. Los griegos y renacentistas estaban fascinados con este número, ya que lo consideraban el ideal de la belleza. Un objeto que tuviese una proporción (por ejemplo, entre el alto y el ancho) que se ajustase al número áureo era estéticamente más agradable que uno que no lo hiciese.

 Las ramas y las hojas de las plantas son más o menos eficientes para atrapar el máximo de luz solar posible de acuerdo a la forma en que se distribuyen alrededor del tallo. El número de espirales que pueden verse en numerosas variedades de flores y frutos también se ajusta a parejas consecutivas de términos de esta sucesión. El ejemplo más frecuentemente citado es la de la flor del girasol, cuya gran mayoría posee 55 espirales en un sentido y 89 en el otro, o bien 89 y 144 respectivamente. Las margaritas también obedecen a esta secuencia, y acomodan sus semillas en forma de 21 y 34 espirales. Las piñas, prácticamente cualquier variedad que encuentres, también presentan  un número de espirales que coincide con dos términos de la sucesión de los números de Fibonacci, por lo general 8 y 13  o 5 y 8. Se puede observar la sucesión de Fibonacci en las plantas porque representa la mejor manera de ordenar las hojas, semillas, etc. en el menor espacio posible para garantizar que la especie perdurará en cualquier sitio.

 

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